Situación

A pesar de su reducido territorio, Mónaco es una tierra colmada de historia y sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Desde la más remota antigüedad, los hombres siempre han sucumbido al atractivo de este refugio natural forjado por la naturaleza, cuyos abruptos acantilados horadados por cavernas ya servían de refugio a las tribus primitivas de la era prehistórica. Este territorio enclavado preservado de los vientos, con un clima de una excepcional suavidad, vio como se sucedieron más tarde las civilizaciones que conquistaron la Cuenca Mediterránea; los Griegos y seguidamente los Romanos se establecieron por turno en esta acogedora orilla, pero la configuración geográfica de este orgulloso promontorio azotado por las aguas, atizó muy rápidamente la codicia de las hordas bárbaras que surcaban los mares sin respiro. El Heracles-Monoïkos - a quién la leyenda atribuye la etimología monegasca – que se convirtió en Portus Herculis Monoeci bajo la dominación del Imperio Romano, fue devastado por los sarracenos durante las grandes invasiones de los siglos V y VI de nuestra era. En el siglo X Mónaco estuvo vinculado al Condado de Provence; doscientos años más tarde, en nombre del Santo Imperio romano germánico, los Genoveses bloquearon el Peñón e hicieron reconocer sus derechos sobre esta tierra decididamente muy apreciada; hasta aquella noche del 8 de enero de 1297 dónde el güelfo François Grimaldi, disfrazado de monje, se introdujo en la fortaleza que estaba entonces en manos de los Gibelinos…
Aquí comienza la increíble y muy larga historia de los Grimaldi,una dinastía que ha labrado la imagen de un Peñón que ha pasado a ser legendario y reina, desde hace más de siete siglos, en uno de los más pequeños Estados del mundo.

Mónaco, El Peñón Mítico

El Principado de Mónaco y su famosísimo Peñón se extienden entre Francia y el Mediterráneo; el prestigio y la reputación de este seductor territorio enclavado en el departamento francés de los Alpes Marítimos, va mucho más allá de sus fronteras, aquellas que Colette decía que eran flores. El espacio está limitado (202 Ha.) pero el paraje es encantador y se despliega a lo largo de una estrecha banda costera de cuatro kilómetros limitada por los contrafuertes montañosos de la Tête de Chien y del Mont Agel.

Cuatro barrios componen la ciudad:

Monaco-Ville, sede histórica del Principado que ocupa el Peñón en donde se erige el Palacio Principesco,
Montecarlo, el barrio agrupado en torno a su Casino,
La Condamine que circunda el Port d’Hercule,
Fontvieille, el nuevo barrio industrial que se ha ganado del mar (22 Ha.).